Para tener una idea de lo que significa el cambio de equipo, basta con escuchar la humorada de Javier Cámpora. Al preguntarle cuánta gente iba a ver a Tiro Federal, su modesto ex club, responde: "Y ahora que no va mi familia, son menos".
La diferencia es grande para este insólito goleador de un equipo descendido en Argentina. Los 18 goles convertidos en 36 partidos le sirvieron para mucho. A Tiro, para darle las pocas alegrías que tuvo en su fugaz paso por la Primera Divisón. "Es que es algo que difìcilmente se vuelva a repetir", reconoce. Resulta que Tiro, aunque fue fundado en 1905, deambuló siempre por divisiones de ascenso y estuvo a punto de la desaparición hasta que hace menos de una década, lograron revivirlo. "No queda otra que pellizcarse y entender que no se trata de una broma del inconsciente", aún hoy se lee en la página oficial del club, en recuerdo del momento de lograr el épico ascenso.
Ambas historias, la de Tiro y la de Cámpora, tienen mucho que ver. Porque el club vive al amparo de dos grandes, como Rosario Central y Newell’s Old Boys, todos en una misma ciudad apasionadamente futbolera. Y Javier se formó en el equipo canalla. De allí salió una relación que ahora dará frutos: con el Chelito Delgado son viejos conocidos. "El estaba una división más abajo que yo, es un año más chico", cuenta el novel delantero azul, de 26 años. Y ese dato, más Lucho Figueroa, hizo que Javier pusiera el ojo desde hace tiempo en La Máquina. Por eso se aficionó al azul en el extranjero.
Tuvo dos pasos por Central. Los primeros años después del debut, allá por 1998, y luego en el 2002. En el medio, el Fénix de Uruguay, que salía de la ‘B’. Cosas del destino: ya enfrentó a su actual club. Fue en una Copa Libertadores cuando golearon los uruguayos 6-1 en Montevideo, con una anotación de Cámpora. Luego Cruz Azul se tomó el desquite con un 4-0. Cámpora ríe al recordar la revancha.
Pero en Central siempre tuvo que alternar, entonces se fue a probar suerte a Chile. Se fue al Deportes Concepción, otro equipo que recién lograba el ascenso, donde hizo 7 goles.
Las vueltas de la vida le tenía preparada una sorpresa y Cámpora siempre le vio el lado bueno a las cosas. Para él, ir a jugar a Tiro era estar cerca de su barrio, de sus padres y sus amigos.
Destaca que los mejores partidos fueron contra los equipos grandes, entre ellos un empate con Boca y un triunfo ante Rosario Central por 4-0, con tres goles suyos. Por todo, la historia de Cámpora es la de saber esperar.
Tras sus goles llegaron ofertas de dos grandes, Independiente y Racing. Pero para ese entonces, su cuñado Gustavo Dezzotti, el Galgo, que jugó en León y la final de Italia 90 para su selección, ya le había hablado de Cruz Azul. "Existían las otras ofertas, pero no lo dudé", dice.
Opina que aquí se "prioriza el ataque, me gusta", define. Prefiere lo que se ve en México y se vino con su esposa, Gisel. Y lo que se va a ver, si es que este batallador del área y de la vida sigue con el pie derecho. Lleva tres goles en cada uno de los amistosos jugados.
Después de tanto dar vueltas, Javier Cámpora aprendió a vivir sin impacientarse.
Tiene la máxima virtud de los goleadores: es alguien que sabe esperar.